El cambio climático sigue su camino

El cambio climático es el mal de nuestro tiempo y sus consecuencias pueden ser devastadoras si no reducimos drásticamente la dependencia de los combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, los impactos del cambio climático ya son perceptibles y quedan en evidencia.

El aumento de las temperaturas a nivel mundial provoca fenómenos meteorológicos extremos devastadores en todo el planeta, cuyos efectos en las economías y las sociedades son cada vez más graves. Se han perdido miles de millones de horas de trabajo solo a causa del calor. La temperatura media mundial durante los últimos cinco años fue una de las más altas jamás registrada. De acuerdo con el informe, es cada vez más probable que las temperaturas superen temporalmente el umbral de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales en los próximos cinco años.

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En los años venideros se prevé que los fenómenos atmosféricos se multipliquen, si no se pone freno al calentamiento global. Partiendo del cambio ya observado, los escenarios de futuro indican que las olas de calor se repetirán cada verano y superarán los récords de temperaturas hasta ahora registrados. La gota fría traerá graves lluvias torrenciales e inundaciones en pueblos y ciudades del noreste del país.
Con la llegada del verano 2022, los vientos polares reducirán gradualmente su intensidad, al mismo tiempo que el Pacífico Ecuatorial disminuirá su enfriamiento, haciendo que los factores negativos, que actuaban sobre el clima, reduzcan su intensidad.
No obstante, la marcha climática estival sufrirá los efectos residuales, por lo que las lluvias continuarán siendo inferiores a lo normal en el interior del área agrícola, y sólo las zonas cercanas al Océano Atlántico recibirán precipitaciones abundantes.
El Noroeste Argentino continuará observando precipitaciones superiores a lo normal, con riesgo de tormentas severas y desbordes de ríos y arroyos.

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Las lluvias continuarán siendo abundantes en las altas cuencas del Paraguay y el Paraná, pero no lo harán en sus bajas cuencas. No obstante, es probable que los aportes de las altas cuencas logren recuperar en buena medida el calado de la Hidrovía y los puertos fluviales, pero esto se concretará recién hacia el final de la estación.
No hay tiempo que perder para una acción climática significativa: cada día es una oportunidad para invertir y construir un mañana más justo desde el punto de vista ecológico.
De cara a 2022, hay docenas de objetivos medioambientales que esperamos que los países, las empresas y los individuos avancen. He aquí algunas de ellas.

Movilizar la financiación del clima

La crisis climática es una injusticia global. Los países menos responsables del calentamiento global y de la pérdida de biodiversidad se enfrentan a las consecuencias más duras. Debido a este desequilibrio, los países de renta alta prometieron en 2009 aportar 100.000 millones de dólares anuales de financiación climática para 2020 con el fin de ayudar a los países de renta baja a adaptarse al cambio climático.
Hasta ahora, los países no han cumplido este compromiso. Y no sólo eso, el coste real de la adaptación al cambio climático es mucho mayor que los 100.000 millones de dólares anuales, por lo que incluso alcanzar esta cantidad será insuficiente.
En 2022, los países de renta alta deben cumplir el compromiso original de financiación climática y luego ir más allá para garantizar que todos los países puedan adaptarse adecuadamente al cambio climático y realizar la transición de sus economías. Además, esta financiación debería llegar en forma de subvenciones en lugar de préstamos para evitar que los países de bajos ingresos se vean aún más agobiados por la deuda.

Reducir las emisiones de los gases invernadero

Desde el punto de vista científico, resolver la crisis climática es sencillo: los países sólo tienen que dejar de emitir gases de efecto invernadero a la atmósfera. Pero por todo tipo de razones políticas y económicas, los países no se han tomado en serio el consenso científico.
Cientos de países se han comprometido a alcanzar las “emisiones netas cero” a mediados de siglo, pero la mayoría de sus planes son, en el mejor de los casos, incompletos y, en su forma actual, ponen al mundo en camino de calentarse más de 2,7 grados a finales de siglo.
En el marco del acuerdo climático de París, los países establecen reducciones de emisiones a través de un proceso denominado contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN). En 2022, los países deben mejorar sus NDCs para mostrar claramente cómo van a transformar sus economías en consonancia con el objetivo de 1,5 grados centígrados.
Las mayores mejoras deben provenir de los países con altas emisiones como Estados Unidos, Australia, Rusia, Brasil y China.

Acabar con las subvenciones a los combustibles fósiles

La producción de combustibles fósiles recibe 5,9 billones de dólares en subvenciones cada año. Eso es mayor que el producto interno bruto de todos los países, excepto Estados Unidos y China.
Según el Fondo Monetario Internacional, poner fin a estas subvenciones tendría un efecto inmediato y drástico en las emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, la fijación de un precio exacto para los combustibles fósiles que tenga en cuenta su coste de producción y su impacto social reduciría las emisiones en un tercio.
Ese dinero podría destinarse a fuentes de energía renovables y a otras facetas de la economía de un país para financiar una transición justa.

El cambio climático es el problema ambiental más importante al que se enfrenta la humanidad. Pero, entre todos, podemos y debemos enfrentar este desafío.

Cristián Frers – Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).

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