Otros escritores malditos

Hay una larga lista de escritores de nuestro país como de todo el mundo que son admirados por su exquisita pluma. Escritores que no podemos resistirnos a leer. Hombres de letras e intelectuales capaces de atraparnos desde la primera línea hasta el ultimo renglón con tanto entusiasmo que el mundo que nos rodea, literalmente deja de existir solo por adentrarnos en cada historia o reflexión contada por estos hombres y mujeres. Uno de estos es sin duda alguna nuestro Sarmiento.

El mejor escritor argentino, aquel que puso en su lugar preciso cada palabra, cada acentuación, cada silencio. Sarmiento, el que supo que decir siempre. Es sin embargo un personaje dificil de tener en la boca en los espacios públicos, en los encuentros literarios, sin ocasionar con esto un debate, una controversia y en el peor de os casos una riña. Otro de nuestros padres difícil de poner en la mesa literaria es Leopoldo Lugones. Nadie se atreve a negar el gran talento que este hombre que paso a ser considerado El Poeta Nacional. Pero Lugones también genera pudor en los labios de muchos literarios a la hora de traerlo a la mesa. Porque esto?. Tanto Sarmiento como Lugones, no solo son recordados como maestros de la palabra y esto no es una revelación de mi pluma, no es una novedad de mi parte ni pretendo que lo sea. Pero lo importante de esta apreciación es acaso el debate que conlleva preguntarse porque sus posturas políticas y militares, sus contradictorias acciones en la vida publica de los dos escritores argentinos mas grandes del siglo XVIII y XIX son material de discusión en un espacio literario, dejando muchas veces de lado la sutil prosa de Recuerdos de Provincia y la belleza poética de Lunario Sentimental.

Otro escritor que viene a sumarse a esta línea es sin duda J. L. Borges. El autor El Hacedor, fue un hombre de letras desde muy pequeño y su persona es sinónimo de Literatura. Pero Borges es juzgado por muchos intelectuales de la palabra, como un escritor de derecha y ese rasgo pasa a cobrar mas protagonismo que sus cuentos y poemas magistrales. Recuerdo en este momento Deutsches Requiem, publicado por primera vez en 1946 ( a pocos meses del fin de la segunda guerra) e incluido posteriormente en 1949 en su libro El Aleph, e imagino la escandalosa reacción que este cuento habrá generado juzgando acaso al propio Borges de un justificador nazi. Es condición sine qua non de un escritor y de todo artista entrar en la mente de sus personajes al punto de convertirse en ellos. Si yo fuera un actor teatral y debo interpretar digamos, Crimen y Castigo de Dostoievski y mi personaje es Raskólnikov, deberé convencerme que mi única salida es matar a una vieja usurera. Porque seré Raskólnikov y ya no Luciano. Borges fue Otto Dietrich zur Linde, ex subdirector de un campo de concentración condenado a muerte, por lo tanto Borges no dudo en defender a este oscuro nazi.
Este cuento le valió a nuestro gran escritor argentino ser el eterno próximo Premio Nobel. O como decía el propio Borges. Soy una superstición escandinava. Y eso que no hablaré de su postura anti – peronista. La vida continuó, y Borges murió el 14 de junio de 1986 en Ginebra. Esto también genero discordia en el ambiente literario embanderado por un sentimiento nacionalista tan lejos de aquel otro sentimiento mas amplio y profundo, el artístico.
Son muchos los escritores que se admiran en silencio, que se evitan, que se pasan por alto.
Esto es algo tan ridículo como decidir no leer El Quijote solo porque nos enteramos un día que Cervantes, siendo Cobrador de Impuestos, se quedó con algunos vueltos en vez de entregarlos a la Corona española. O no disfrutar de los extraños y geniales cuentos de H. P. Lovecraft porque fue un racista empedernido.
Para muchos, estos escritores antes nombrados fueron malditos. Los malditos, son un grupo de personas asociadas a la rebeldía; algunos polémicos cultivadores, explotadores a conciencia de lo que no se habla. Otros simplemente inadaptados, personas que no entendían las leyes básicas que dictaba el movimiento del mundo de los hombres y sus sociedades. Néstor Braustein (psicoanalista argentino) dijo que todo poeta, todo escritor es maldito, no por su maldad, sino porque se lo maldice.

Luciano Cavido

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