reflexiones literarias: Los misterios del soneto

En solo catorce versos endecasílabos esta el mundo entero. De origen incierto, se impuso en Italia con Petrarca y Dante. En España, no se adaptó hasta el momento de la gran innovación italianizante llevada a cabo por Boscán y Garcilaso y adquirió su plenitud en el Siglo de Oro.

Etimológicamente el nombre “soneto” deriva de un diminutivo del latín “sonus”, tono, sonido; adoptado por la poesía provenzal como “sonet”, melodía corta y ligera, cancioncilla; de allí pasó a Italia con el nombre “sonetto” gracias a la admiración despertada en aquellas tierras por la poesía trovadoresca provenzal.

El soneto es capaz de contener entre sus límites lo más terrible como lo bello. Es acaso la forma poética más delicada y es única por su estructura y su contundencia. Al iniciar la lectura de un soneto, la primera línea nos debe prometer el paraíso, solo así es capaz de presentarse esta breve brisa que al final, en la ultima línea nos dejara la sensación que ya no somos los mismos, que algo sucedió con nosotros luego de transitar esta viaje de versos separados en dos cuartetas y dos tercetos. El misterio se devela al final, como una bofetada fría dejándonos devastado pero a la vez con ganas de más. El soneto es una adicción, una droga. Quien se atreva a recorrer su territorio tendrá que saber que su vida ya no será la misma. Que su mente se vera poblada por esa música, su ritmo, su cadencia y quizás comenzara a escuchar endecasílabos por todos lados. Recuerdo a Borges atormentado por ese extraño libro de arena que no tenia ni principio ni fin y cuya única liberación para su vida fue esconderlo en un sótano impreciso de la vieja Biblioteca Nacional ubicada en la calle México por donde el gran escritor jamás volvió a pasar. Así de igual será acaso la vida del lector de un soneto, solo que ese tormento lo acompañara siempre. Porque todas sus calles serán la calle México.

En lo personal, el soneto llego para quedarse, luego de leer apasionadamente LA URNA, ultimo y glorioso libro de Enrique Banchs de 1911. Esta obra consta de 100 sonetos que están íntimamente relacionados. Para mi, fue un momento crucial y determinante. Luego de leer el ultimo soneto del libro. La misteriosa forma, el endecasílabo, quedo en mi mente flotando como una nube que todo lo abarcaba y todo lo contenía. La extraña sensación fue a la vez terrible y placentera. Todo lo que escuchaba a mí alrededor era endecasílabo. Desde la voz de mis amigos como las locuciones radiales. Todo era endecasílabo y mis propias frases formaban once silabas, ni una mas ni una menos.
Su estructura discursiva es bimembre, un tema que se desarrolla en los cuartetos cuya resolución o conclusión tiene lugar en los tercetos, aunque en no pocas ocasiones el poeta o poetisa quiebra esta norma, dejando la resolución para el último terceto o, incluso, a los versos finales del último terceto.

Aquí les dejo el comienzo de mi hermoso tormento del que nunca escaparé:

Primer soneto del libro LA URNA de Enrique Banchs 1911

Entra la aurora en el jardín; despierta
Los cálices rosados; pasa el viento
y aviva en el hogar la llama muerta,
cae una estrella y raya el firmamento;

Canta el grillo en el quicio de una puerta
y el que pasa detiénese un momento,
suena un clamor en la mansión desierta
y le responde el eco soñoliento;

Y si en el césped ha dormido un hombre
la huella de su cuerpo se adivina,
hasta un mármol que tenga escrito un nombre

llama al Recuerdo que sobre él se inclina…
Sólo mi amor estéril y escondido
vive sin hacer señas ni hacer ruido.

Luciano Cavido

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