El drama continúa

Las aguas bajan, pero el drama de los inundados recien comienza

El rio continua bajando. 3,90 metros a las 7 de la mañana. La ciudad lentamente vuelve a la normalidad. Los inundados de a poco iran regresando a sus hogares. No sera sencillo, regresar y ver que el agua es omnipresente, que no ha terminado de irse, ha dejado sus huellas en paredes, techos, pisos…La angustia de volver y ver que el agua se ha llevado todo, hasta la propia identidad.

inundadosLujan va retornando muy lentamente a la normalidad en medio de la angustia de los vecinos por las cuantiosas pérdidas materiales que dejaron las lluvias. Los vecinos de los barrios más afectados comenzaran a regresar de a poco a sus hogares, donde el barro y el agua alcanzó marcas en algunas zonas de hasta más de dos metros de altura.
El retorno de los que puedan retornar, no sera nada sencillo: no sólo enfrentar las dificultades materiales, también encontrar que la casa es un rejunte de barro y estropicios, que el agua es omnipresente, sea en presencia o en huellas sobre objetos, paredes, pisos, techos, que destruye todo a su paso, que se va pero no termina nunca de irse, y hace difícil saber por dónde empezar, que nada es lo mismo, y que cuanto menos se tiene, más difícil resultará recuperarse.

Las casas oscuras de barro por dentro, pisos levantados, paredes marcadas, ventanas abiertas para dar respiro y sequedad. Camas, muebles, colchones (los que sobrevivieron), dispuestos sobre las calles, asfaltadas o no, al sol, para que con sus rayos escasos pudiera paliar de algún modo la humedad, ese fantasma que avanzaba con su sombra a medida que se retiraba el agua. Sobre los muebles, secándose como yerba vieja, ropa, objetos recuperables. El resto, mucho, se declaraba perdido.

Es mucho el sufrimiento. La gente queda arrasada. Es una cuestión muy profunda porque la inundación arrasa no solo con lo material, sino con la identidad construida, al llevarse tus objetos cotidianos. Pero no sólo te quita los objetos, la silla, la mesa, el mate; también los ritos cotidianos. Se lleva tus recuerdos, tus vivencias. Y te sentís perdido, sumado a todas las carencias, desde lo más íntimo, como una bombacha, hasta la comida. Y a todo esto se suman los miedos, la incertidumbre o la certeza tal vez, de que la historia volvera a repetirse. El fantasma del mañana.

Genera mucho daño ademas, cuando el discurso apunta a acusar al inundado por haberse inundado, en lugar de que se hagan responsables los que no hicieron lo que debían hacer para evitar la inundación. Hoy escuchamos chicanas de un lado y de otro. La naturaleza es sabia. Casi siempre avisa. Y además, se encarga de marcar los desaciertos del hombre, que tiene que ver con obras que no se hacen y malas regulaciones en la construcción. Las aguas hoy bajan turbias, en una discusión política que se aleja de lo principal: las necesidades de la gente, para defender egoísmos propios.

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