La pesada herencia que recibe Milei

El gobierno Alberto Fernández, su vice Cristina y su ministro Sergio Massa dejan como herencia la economía argentina destrozada, con políticas que generaron un fuerte aumento en el gasto público.

La pregunta que hoy desvela a la clase política y gran parte de la población gira en torno a qué herencia recibirá el electo Presidente. Y ya se sabe: será más compleja que la de fines de 2015 y 2019.

La pesada herencia de Alberto y Cristina

El producto bruto por habitante hoy es más chico que en 2015 y en 2019. También respecto a 2011.

Igual pasa con la tasa de inflación: es mayor a la de hace cuatro años atrás y a la de 2015.

En términos reales, esto es descontando la inflación, los salarios formales cayeron 26% desde el tercer trimestre de 2015, los informales 37% desde su récord en 2013 y los cuentapropistas 39% desde principios de 2012.

La herencia en el mercado de trabajo:

El área del trabajo no modificó la tendencia que arrastra desde hace una década; los niveles de ocupación por habitante son récord pero los empleos son de peor calidad y que los asalariados privados registrados se vieron reemplazados por asalariados del sector público, no asalariados e informales. Esto se tradujo a su vez en una caída de productividad de la economía porque esas personas que entraron al mercado de trabajo consiguieron un empleo pero aún así el PBI por habitante no crece.

Si la productividad cae los salarios no pueden aumentar. Para colmo los ingresos que mejor se remuneran son los de mayor calificación y Argentina no crea ese tipo de empleo.

Los últimos responsables de la debacle económica

El próximo presidente recibirá una herencia de reservas negativas de US$ 11.000 millones dice Equilibra y una deuda con importadores de US$ 25.000 millones según la consultora Invecq.

El déficit primario que deja Fernández es de 2,8% del PBI, superior al 0,4% de Macri de 2019 aunque menor al de Cristina de 4,5% en 2015.

A la deuda con el FMI (que el gobierno entrante tendrá el que renegociar rápidamente), hay que agregar aquella con los organismos financieros internacionales (BID, Banco Mundial, CAF, y otros) que en parte podrá ser compensada con nuevos ingresos, pero solo en parte; los pagos pendientes del Club de París (a ser renegociados desde septiembre de 2024), y una cifra indeterminada proveniente de los “swaps” con China, cuyas condiciones no se conocen. Heredará, además, la deuda de las provincias con bonistas privados (hay algún pequeño monto con organismos internacionales) la mayor parte de la cual ya ha sido renegociada y que aun cuando no tenga garantía de la Nación terminará saliendo de la única fuente por ahora disponible para entregar las divisas: el BCRA (excepto un par de casos que pueden ser eventualmente atendidos con regalías percibidas en dólares).

Como consecuencia de estas políticas, el próximo gobierno deberá hacer frente a esta difícil coyuntura económica con un contexto social muy deteriorado, hoy caracterizado por un índice de pobreza cercano al 45% de la población y otro de indigencia que afecta, dentro de ese conjunto, a no menos del 10% del total de la población urbana del país. Estos millones de argentinos (no menos de cuatro o cinco millones) viven en deplorables condiciones, gran parte de ellos en los más de cinco mil quinientos llamados “barrios populares”, que carecen de los servicios más elementales: acceso al agua potable, a redes cloacales o de alcantarillado, la mayoría colgados del sistema eléctrico o carentes de acceso a la red de gas.

En definitiva, el próximo gobierno recibe como herencia una serie de problemas económicos y financieros muy complejos, sin reservas y sin acceso a los mercados, con el agravante de encontrarse la deuda del país con la más baja de la calificaciones (“stand alone”); con diversas negociaciones externas por delante desde una posición de gran vulnerabilidad, y debiendo hacer recortes muy fuertes en el gasto público, limitados por subsidios difíciles de levantar rápidamente, con deudas (y algunos gastos) indexados y una gran parte de la población al límite de la tolerancia para soportar nuevos sacrificios.

¡Maravilla de herencia la que dejan Alberto Fernández Cristina Kirchner y su Ministro Sergio Massa!

 

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