Pediatras alertan por el avance del cáncer ocular en niños

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El cáncer ocular infantil es el tumor intraocular más frecuente en la infancia. Ocupa entre el cuarto y sexto lugar entre los cánceres más comunes en Pediatría. En la Argentina se diagnostican alrededor de 45 casos nuevos al año.

El retinoblastoma puede presentarse en un ojo o en ambos. En general, sostiene la especialista, presenta pocos síntomas o ninguno durante sus primeras etapas y tiene mayor incidencia en los niños, por eso es fundamental su prevención mediante controles y diagnóstico temprano.

“Se trata del tumor intraocular más frecuente en la infancia, advierte la oftalmopediatra Adriana Cristina Fandiño (MN60.186 MP28.857), especializada en tumores oculares de la infancia.

“Hay dos formas clínicas diferentes de cáncer ocular: la forma unilateral y la bilateral multifocal. La primera compromete un solo ojo en un solo foco y, en este caso, el paciente no es heredable y no tiene alteraciones genéticas que lo predisponen a otros tumores. En cambio, el bilateral y algunos casos unilaterales multifocales (el 6% de los unilaterales) presentan mutaciones heredadas o nuevas que hacen que lo predispongan a otra malignidad y sea heredable en el 50% de la descendencia”, explica.

El retinoblastoma solo se da en niños. Es infrecuente el diagnóstico en adultos; hay muy pocos casos en todo el mundo. Fandiño revela que la edad de presentación en general es entre el nacimiento y los dos o tres años, pero puede diagnosticarse también en niños más grandes, ya que cuando comienza no da síntomas.

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Al respecto, detalla: “Solo a veces estrabismo que puede ser intermitente y cuando da el síntoma típico que es la leucocoria (pupila blanca), ya está muy avanzado dentro del ojo. Diríamos que se está asomando por la pupila. En esos casos, a veces no podemos salvar el ojo, pero sí la vida. Es un tumor que se cura en el 97% de los casos. Por eso el diagnóstico debe ser anterior a tener signos físicos”.

Anatomía de una retinoblastoma

La importancia de los controles en la infancia

La oftalmopediatra enfatiza que todo niño debería recibir un examen de fondo de ojo en el primer trimestre de nacido (cuanto antes mejor), luego a los 6 meses de ese primer control y, por último, una vez por año hasta los 6 o 7 años. En tanto, se recomienda incluir estos chequeos dentro de los controles preescolares.

“Ese fondo de ojo se debe realizar con dilatación pupilar y con oftalmoscopia binocular indirecta. El oftalmoscopio binocular indirecto es un aparato que el oftalmólogo se coloca en la cabeza y tiene una luz que enfoca el ojo con una lupa. Para este examen no sirve el fondo de ojo que comúnmente se hace en adultos con un aparato que parece una linterna”, aclara en referencia a los tipos de controles pertinentes para la prevención del cáncer ocular infantil.

Por último, concluye: “Actualmente, los casos que llegan a tiempo pueden ser tratados con quimioterapia dirigidas al ojo o superselectivas que prácticamente no tienen complicaciones a nivel general, pudiendo curarse al paciente y salvarse ambos ojos, incluso con muy buena visión en muchos casos”.

Fuente: Consejo Argentino de Oftalmología (CAO)

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