La apocalíptica profecía de Bill Gates

En una comunicación a todos los Medios, el propietario de Microsoft, todo indica que, decidió tomar la delantera respecto a otros augures, y sin especificaciones de naturaleza alguna, termina de pronosticarnos acerca de un futuro con más pandemias.

Por Carlos Belgrano
Al parecer, ha optado por desenmascararse de su careta y sin decirlo, pero dándolo perfectamente a entender, lo que nos anticipa, no es otra cosa que, las vacunas, todas ellas, no constituyen más que un señuelo.

Dando así por cierto y chequeado que, la placebia es el continente de todas las ampolletas que la gente -mayoritariamente incauta y naif-, con mucha fe desea aplicarse.

Y de esa forma decidió de consuno con su socio -Anthony Fauci-, personificar esta suerte de voluntario sincericidio.

Por cuanto, después de todo, no es un Infectólogo y su opinión, se supone, no es vinculante a una certificación médica de este escandaloso fracaso de inertes vacunas.

Y con sus dichos, toda la corriente anti vacunatoria contará de ahora en más con la prestancia y el respaldo cuasi oficial de esta megaestafa de los carteles farmacéuticos.

Cuyas tomas de ganancias en este último año, reviste caracteres de una inédita monstruosidad.

Reparen en algo, cuya institucional gravedad carece de precedentes, a poco de tomar nota que la Unión Europea presiona a AstraZeneca para la provisión de millones de dosis, coetáneamente a que el organismo de contralor de esa Comunidad, todavía no aprobó el protocolo de su formulación.

Entiendo no haber tenido noticias de un tan magno contrasentido como éste.

Sin perjuicio que desde otro vértice, veremos cómo y cuándo, el Ser Humano promedio y anónimo, podrá metabolizar estas frases vertidas por quién fue elegido por el Sistema para que confiese esta amarga verdad.

Quizás las reacciones colectivas no sean del todo inmediatas, ya que, la angustia económica y lo ineluctable del futuro inmediato, sean los primarios paradigmas que la Humanidad tiene por delante como prioritarios.

Pero antes o después, todos los gobiernos a nivel global, deberán de enfrentarse a la realidad; no siendo ésta, otra que, la inexistencia de soluciones para detener una cadena de contagios que crecerá hasta lo infinito.

Al menos, las expresiones de este emblemático plutócrata nos sean de alguna utilidad.

Mínimamente cómo para que nos desayunemos que, el mañana no traerá consigo demasiadas sorpresas.

Tan sólo dos preceptos y éstos son -creo- que, sobrevivirán los más fuertes y aquellos privilegiados poseedores de suficiente dinero y respaldo económico, a fuer de no ser sepultados por la escasez de ayudas estatales que, como suele ocurrir sin hesitación alguna, jamás alcanzará para saciar a todos los famélicos.

Es probable que, en el mientras tanto, episodios colectivos -de momento en estado embrionario y germinativo-, sacudan a un modo de vida mundana, de cierta manera, apacible.

Y que, desde el actual abstracto, emerjan nuevos líderes territoriales que, hagan las veces de inhumadores/sepultureros de la intoxicante concentración de esta riqueza en manos de un puñado de «listos».

Creo, aunque hago votos para que mi prognosis sea del todo desatinada, nos encontramos en los albores de un final abierto.

En el más amplio y ecuménico sentido gramatical de esos vocablos.

Pero cómo sea, me solazo con la idea -tal vez demasiado peregrina- que, cuando algunos de nosotros nos rindamos el Aparato también lo hará.

Momentáneamente, invito desinteresadamente a todos los Lectores que formulen apuntes sobre…

La apocalíptica profecía de Bill Gates.

Server Luján

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