Columna de opinión

Como mejorar la educación ambiental

Desde siempre la especie humana interaccionó con el medio y lo modificó: los problemas no son nuevos. Sin embargo, lo que nos preocupa es la situación actual, la aceleración de esas modificaciones, su carácter masivo y lo universal de sus consecuencias.

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Los problemas del ecosistema ya no aparecen como independientes unos de otros sino que constituyen elementos que se relacionan entre sí, configurando una realidad diferente a la simple acumulación de todos ellos. Por lo mismo, hoy en día podemos hablar de algo más que de simples problemas en el entorno, pues nos enfrentamos a una auténtica crisis ambiental y la gravedad de la crisis se manifiesta en su carácter local y global.
La solución requiere de un profundo cambio cultural en nuestra sociedad. Comenzar a valorar nuestros recursos naturales y las posibilidades de desarrollo, lo cual debería ser una prioridad social.

La enseñanza sobre este tema es un proceso que les permite a las personas investigar esas temáticas, involucrarse en la resolución de problemas sustentables y tomar medidas para mejorarlos. Como resultado, los individuos alcanzarían un entendimiento más profundo y tendrían las herramientas para tomar decisiones responsables.

El movimiento Viernes para el Futuro fue iniciado por Greta Thunberg, la adolescente sueca que en agosto de 2018 decidió faltar a clase todos los viernes para ir a protestar ante la sede del Parlamento de su país, hasta que se adopten medidas más enérgicas para combatir el cambio climático.
Su iniciativa para concientizar sobre la crisis no tardó en extenderse por todo el mundo. Más de un millón de jóvenes de todo el mundo participaron el 24 de mayo del 2019 en las huelgas escolares por el clima en el movimiento Viernes para el Futuro. Hubo manifestaciones en más de cien países, entre ellos Alemania, Australia, Brasil, Filipinas, India, Japón, Nigeria, Pakistán, Reino Unido y Uganda.
La activista sueca, iniciadora de las huelgas estudiantiles mundiales que -desde 2018- buscan concientizar sobre el cambio climático, señaló que ni ella ni su movimiento deberían asumir este tipo de cargas, pero que les ha tocado hacerlo por la inacción de los adultos frente al clima.

Dentro de esta estructura rígida, en Argentina y, a pesar de los cambios llevados a cabo en los Ministerios de Educación, se sigue pensando que la problemática ambiental es para un área determinada. De manera acorde, la estructura actual de la enseñanza en Argentina no siempre facilita el verdadero diálogo, que permita ahondar la dificultad que atraviesa ese grupo de estudiantes, en esa comunidad en particular y en los otros países. Se desvaloriza un contenido, sin importar con quién ni en dónde uno se encuentre.
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En la escuela no se facilita esta relación de diálogo, ni siquiera se reflexiona en las necesidades, desafíos o dificultades que encuentran los docentes sobre este tema . Encontramos el mismo sesgo en el mantra de la educación ambiental: “Pensar global, actuar local”. Muchas veces, esta postura no visibiliza las necesidades, por no decir urgencias locales y regionales. Pensemos local: pintemos nuestra aldea y así pintaremos el mundo.
A pesar de su motivación y capacidad de iniciativa, los docentes argentinos no cuentan con la suficiente formación para poder impartir determinados conceptos y temas relacionados con el medioambiente.
Es bueno impulsar propuestas como la de María de los Milagros Cisterna, -maestra de dos escuelas urbanas en Carmen de Areco – Provincia de Buenos Aires, sobre RECICLADO en las escuelas, quien piensa que: “Debido a una deficiente cultura de preservación del medio ambiente, que trasciende en nuestros alumnos, es necesario incentivar la creatividad para producir, transformando los desechos con arte e ingenio en productos que se puedan volver a usar. El proyecto busca incentivar la conciencia ecológica, el reciclaje de residuos sólidos se considera una estrategia importante para contribuir al fortalecimiento de una cultura ambientalista y de ahorro”.

Es por esto que la ciudad de Carmen de Areco, como todas las demás, deberían impulsar, a través de sus instituciones, un programa de educación ambiental, dirigido a niños y adolescentes para involucrarlos activamente en el conocimiento de su medio ambiente y en el manejo de sus recursos naturales. La propuesta, tendría que entenderse como una acción complementaria a la formación educativa en los colegios, dirigida a brindarles oportunidades de aprendizaje, que vinculen la experiencia cognitiva con la vivencial, a través de prácticas en el campo, relacionadas con comunidades campesinas, excursiones y talleres de reflexión sobre la gestión de los recursos naturales.

Seguramente muchas maestras y maestros como Cisterna intentarán lo mismo en distintas escuelas del país, pero sin la asistencia oficial -pues es escasa o prácticamente nula-. Esto se debe, principalmente, a la precaria importancia, que frecuentemente se da a la enseñanza, como efecto de un presupuesto bajo y la ausencia de un debate acerca de la calidad y ventajas de la instrucción impartida, motivo por el cual surgen activistas como Greta Thunberg.
La cultura climática no consiste, entonces, en una mera aplicación de ajustes y complementos a los programas tradicionales pedagógicos: se trata, más bien, de convocar a nuevos enfoques, contenidos y métodos, haciendo más flexibles las tradicionales estructuras de los sistemas educativos.

Cristián Frers – Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).

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