Claves para una jubilación feliz

¿Quién no ha soñado con el día de su jubilación? ¿Quién no ha deseado no tener que madrugar ni aguantar las broncas del jefe o los problemas con los clientes? Sin embargo, a juicio de los psicólogos, el cese de la actividad laboral no conlleva en muchos casos esa liberación deseada, sino que causa traumas y síndromes sobre todo en aquellas personas que han dedicado gran parte de su vida a trabajar y que, de pronto, se encuentran desocupados e incapaces de encontrar un sentido a esta nueva etapa. Incluso se ha acuñado el término «síndrome jubilatorio» que conlleva trastornos tanto físicos y psíquicos y que, de no atenderse, puede acelerar el envejecimiento. Otros confiesan estar en su mejor momento, porque toman el retiro como un premio al esfuerzo de toda su vida y eligen dedicar más tiempo para ellos mismos

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La jubilación no es ni más ni menos que otra etapa de la vida. En realidad, no es el fin de nada, sino un cambio fuerte en muchas cosas y el comienzo de una nueva etapa que puede ser mejor que la anterior.

En esta sociedad moderna, la actitud ante quien está “fuera del circuito productivo” está teñida de menosprecio. Muchos, sin quererlo o a propósito, hacen sentir a las personas mayores como inservibles, sugiriéndoles la idea de que ya no sirven para el trabajo, lo que equivale a decir que “no sirven para nada”. Lo que, obviamente, tiene serias consecuencias, diferentes de acuerdo a quien las sufra.

Algunas personas eligen imponerse una meta económica o profesional para poder en algún momento cruzar a la vereda de enfrente, en donde podrían disfrutar de todo lo ganado… sea dinero, prestigio o vínculos familiares.

Otros aseguran sentirse capacitados para seguir con su tarea eternamente hasta que “las neuronas lo permitan”. Otros toman al retiro como un premio a su esfuerzo de toda la vida y eligen dedicar más tiempo para ellos mismos, a veces sin variar demasiado su rutina habitual, y otras yendo al encuentro de las cosas que toda la vida habían postergado.

El concepto de retiro es muy variable. Existen quienes aseguran querer “seguir trabajando, pero esta vez de abuelos” y también quienes dedican su esfuerzo y el recién ganado tiempo libre a la solidaridad, ayudando a quienes los rodean y necesitan.

Pero también están los que se resisten firmemente a que alguien les diga que hacer, sobre todo en los casos en que no se haya visto una merma en el rendimiento laboral, y eligen hacer caso a la reglamentación pero dedicándose a seguir en lo suyo, trabajando por cuenta propia.

Obtener un buen empleo, llegar a dominar el oficio y alcanzar la estabilidad laboral, y después de al menos 25 años de trabajar y una edad cercana a los 65 años llega la etapa de jubilación, que es cuando muchas personas se preguntan: ¿Y ahora qué?
Al romper con la rutina establecida del trabajo, el cual ha formado parte de la vida de una persona durante 30 o 40 años, surgen sentimientos encontrados.
Dejar de trabajar marca un antes y un después en la vida de cualquier persona. Para algunos supone una crisis; sin embargo, otros confiesan estar en su mejor momento, porque toman el retiro como un premio al esfuerzo de toda su vida y eligen dedicar más tiempo para ellos mismos o lo toman como una buena oportunidad para hacer aquellas cosas que siempre habían querido y no pudieron por estar dedicados al trabajo, a los hijos, etcétera; por lo tanto, afrontar la jubilación puede resultar enriquecedor.

En el trabajo la persona ha empleado gran parte de su tiempo y su energía; por eso, cuando se retira, es importante que tenga claro qué va a hacer. No se trata solamente de pensar cuánto dinero recibirá, cuándo y en qué lo invertirá, sino qué va a hacer por lo menos ocho horas diarias, que son las que dedicaba al trabajo, durante el resto de su vida.

Por lo anterior, es necesario que el jubilado realice la mayor cantidad posible de actividades, las cuales lo ayudarán a prevenir enfermedades, pues está comprobado que cuando disminuyen las defensas, una persona es potencialmente más susceptible de sufrir enfermedades, así como depresión. Además, mientras más actividades puedan realizar nuestros órganos y nuestros músculos, funcionarán mejor. La pérdida de la concentración y de la memoria tiene que ver directamente con la falta de ejercicio o actividad física.

Por otra parte, la familia desempeña un papel muy importante como soporte emocional y compañía: una de las grandes recompensas durante la etapa de la jubilación es la convivencia con los nietos.

Además, los familiares pueden ayudar a detectar síntomas depresivos en el jubilado, como la pérdida de interés en las cosas, el aislamiento, los sentimientos de minusvalía o los cuadros psicosomáticos.

A continuación se mencionan algunas recomendaciones para pasar satisfactoriamente por la etapa de la jubilación:

– Disfrutar de los nietos y de los hijos.

– Profundizar en las relaciones familiares y con los amigos. (Es necesario programar una vida fuera del trabajo; si no se tienen amistades o no se realizan actividades fuera del trabajo, hay que cultivarlas.)

– Cuidar a una mascota.

– Dedicarse a un pasatiempo, como aprender a pintar, a tocar un instrumento musical, a practicar algún deporte, etcétera.

– Integrarse a alguna actividad que involucre a otras personas, como clases de baile o ritmoterapia.

– Aprender nuevos conocimientos y habilidades, como un nuevo idioma, computación, cocina, jardinería, etcétera.

– Participar en alguna organización de voluntariado.

– Emprender un negocio propio que permita trabajar unas cuantas horas al día.

– Viajar, si se cuenta con los recursos suficientes para hacerlo.

– Evitar caer en el error de decir: “A esta edad ya es muy tarde para hacer esto”.

Por último, es importante considerar que, aunque para algunos la jubilación es considerada como el periodo final de la vida, la etapa útil y productiva de una persona no tiene nada que ver con un límite de edad, ya que todos tenemos mucho que aportar a la sociedad en cualquier momento de nuestra existencia.

La jubilación no es más que otro ciclo de nuestra vida, que no podría considerarse el final de nuestra historia, sino un cambio trascendental y el comienzo de una nueva etapa que puede ser, incluso, mejor que la anterior; sin embargo, su éxito dependerá de cómo se combinen satisfactoriamente las actividades físicas, sociales y mentales.

El tiempo de vida que queda, como moneda de cambio procurar invertirlo sabiamente, en las prioridades de dedicación al futuro; se requiere buen criterio para seleccionar los propios intereses, ya que no se puede todo, buscar el balance en cinco aspectos: físico, familiar, profesional, espiritual, cultural.

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