Volver a lo simple

El excesivo avance tecnológico, el excesivo desarrollo urbanístico y el consumismo, entre otras cosas, han atentado, desde el siglo pasado, contra la bella simplicidad de la vida

Volver a lo simple no es renunciar al complot y al bienestar, sino que es apreciar y disfrutar las cosas sencillas: jugar a la pelota en la plaza, tomar mate con los vecinos, ver un partido de fútbol con amigos, ir de visita, contemplar una puesta de sol, el arcoíris, dar un paseo en bicicleta, leer un libro y tantas otras cosas mas para las cuales no se necesita dinero.
Vivir con sencillez y disfrutar de lo simple es una elección y una decisión personal.
Bien lo dice el refrán: “No es feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”. El consumismo y el afán por tener mucho dinero y riquezas materiales no solo atentan contra el equilibrio interno de la persona, sino que ubicarían a la persona en un rol de miserable o de mendigo. No es que está mal tener mucho dinero, el problema reside en que dependas del dinero para sentirte bien; porque la felicidad que otorgan el dinero y las riquezas materiales es pasajera, no tiene sustento permanente. Entonces, las personas que consiente o inconscientemente caen es esa trampa, se vuelven consumistas, porque piensan que comprando cosas y más cosas serán felices.
Sin embargo, y paradójicamente, algunos de los que hoy son multimillonarios, no depositan su seguridad en el dinero. Muchos de ellos han empezado “de abajo”, pero lo que, si han hecho fue esmerarse para brindar un producto o un servicio de calidad, procurando la excelencia, en pos de su propia realización personal y de superarse a si mismos.
Hay personas que si bien adineradas, saben ser sinceramente humildes y sencillas.
Volver a lo simple requiere de madurez y aunque parezca que no tiene nada que ver, también requiere de “valentía”, ¿A qué me refiero? Me refiero a que, si te gusta andar descalzo, te animes a andar descalzo por la plaza, sin que te importe lo que piensen o como te miren los demás.
En algunos pueblos, uno puede ir tranquilamente descalzo al almacén y no te miran raro por eso.
Volver a lo simple también tiene que ver con “hacer el amor “¿Que estoy diciendo?, si, si, estoy diciendo que volver a lo simple es, “hacer el amor” y cuando digo hacer el amor quiero significar que una mirada, es hacer el amor; una caricia es hacer el amor; un abrazo es hacer el amor; estrechar una mano es hacer el amor; una palabra de aliento, es hacer el amor.
Pero, ¿Que es el amor?, Es difícil definir con palabras lo que es el amor, pero si podemos descubrir algunas características del amor:
El amor es paciente, es servicial, El amor no es envidioso, no tiene celos ni codicia los bienes ajenos, no hace alarde ni es vanidoso, el amor no se jacta de si mismo, no procede con bajeza ni con altivez.
El amor no tiene miedo ni temor, no busca su propio beneficio únicamente, sino el beneficio de todos, el amor no es egoísta, sino que comparte con generosidad sin especular con obtener un beneficio, una “recompensa” o un reconocimiento a cambio.
El amor no se irrita, no se enoja, no maldice a nada ni a nadie y no pretende venganza ni represalia, el amor no es violento, sino que es pacífico, sereno, calmo no guarda rencor, no se ofende, sino que disculpa, el amor te libera y te permite, entonces, disfrutar de lo simple, cuando volves a lo simple, estas en mejores condiciones para disfrutar de la naturaleza y de sentirte parte integrante de la naturaleza, no más importante que un árbol o un caballo.
Tomas conciencia de la IGUALDAD de todo lo que vive.
En la simplicidad descubrís que sos protagonista de tu vida y no un mero espectador pasivo.

Volver a lo simple es, también, no obsesionarte con lo urgente sino más bien, darle lugar a lo importante.
Lo importante es que le dediques tiempo a tus hijos (si los tenes), a jugar con ellos, a establecer una relación de amistad y confianza con tus hijos e hijas, de modo que ellos sepan que pueden contar con vos, sin que te tengan miedo.
Como bien dice el refrán: “Un padre que da consejo, más que padre es un amigo” (y esto vale también para madre, tíos y abuelos).
Volver a lo simple es darte permiso para tomarte un par de días franco para ir a pescar o ir de campamento. Es “atreverse” a no usar corbata, aunque todos tus compañeros de trabajo usen corbata.
Volver a lo simple es también cultivar una “actitud de agradecimiento a la vida” por lo maravilloso que es el mundo en el que vivimos.
La simplicidad y la sencillez son parientes cercanas de la HUMILDAD, una virtud a la que no es tan sencillo acceder en plenitud; es como que siempre estamos en camino de ser un poco más humildes. Cuando decimos humildad no nos referimos a ser pobres, pues una persona puede tener mucho dinero y a la vez ser humilde, o puede ser pobre y soberbio. Ser humilde no es lo mismo que ser pobre, aunque es verdad que los pobres suelen ser más humildes que los ricos.
La gente sencilla de por si es solidaria, por naturaleza, pero jamás te los van a echar en cara. Son solidarios, pero no para “quedar bien” ante los demás ni especular con recibir una recompensa o un beneficio a cambio. Son solidarios porque les nace, saben ponerse en el lugar del otro, comprueban que en el mismo acto de dar ya está dada la recompensa, pero tampoco especulan con eso.
Como reza el refrán, “Es mejor dar que recibir”, pues en el acto de dar, tanto el hombre como la mujer, expresan y despliegan su potencial, su fuerza, su humanidad.
Cuando te liberas gradualmente del egoísmo y de la codicia, empezás a descubrir tu verdadera esencia, tu verdadero ser y de a poco descubrís también que la riqueza que hay en tu interior es inagotable.
entonces dejas de ser un mendigo y te transformas en benefactor, en un dador, en un dador alegre. Te propongo que recuerdes siempre que, si querés que el mundo cambie, es preciso que cambies vos, si vos cambias el mundo para vos cambiará, como dice Fito Páez “es una cuestión de actitud”

Fernando Román

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