Un paso a la vez

Existe una paradoja que únicamente los sabios comprenden, y es que: “si querés llegar rápido, es imprescindible que andes despacio”.

pasoPorque como también dicen los sabios: “el que se apura no llega”. Bien lo dijo Napoleón en su momento “vístanme despacio que estoy apurado”, esto implica dar un paso a la vez, sin quedarse dormido, pero también sin apurarse.
Sea que se trate de algo personal o de un proyecto laboral, es conveniente andar despacio, considerando todas las variables.
Cuanto más lento sea el proceso mejor es.
¿Por qué?, porque los que se apuran con frecuencia tropiezan y caen, y muchas veces, resulta muy difícil levantarse. Por otra parte, también es cierto que el camino más difícil suele ser el más corto.
Dar un paso a la vez implica también concentrarse y estar atentos, un pensamiento y un dicho a la vez.
Si estamos cortando leña, tenemos que concentrarnos en lo que hacemos, cortar leña. Si estamos estudiando tenemos que concentrarnos en estudiar, procurando entender, comprender, aprender y recordar lo que precisamos.
Si estamos concentrados para jugar un partido de futbol se precisa que nos concentremos tanto físicamente como anímicamente. Para recorrer un camino de cien kilómetros es preciso dar un primer paso y caminar; dar un primer paso puede significar tener iniciativa, pero no pretender recorrer esos cien kilómetros en cinco minutos.
En la cultura occidental pareciera que hacer todo muy rápido es algo loable en pos de una supuesta eficiencia, utilizando ese criterio se eliminarían puestos de trabajo porque una máquina y una computadora lo hacen más rápido y a menor costo.
Somos muchos los que pretendemos cambiar en mundo, y el primer paso para cambiar el mundo es que cambiemos nosotros, cada uno de nosotros.
Si nosotros cambiamos entonces, si podremos tener la autoridad ética para proponer cambios en la sociedad. Entonces ya no hablaremos de sociedad, sino más bien de comunidad. La palabra comunidad se compone a su vez de dos vocablos: “común” y “unidad”. Común implica igualdad (iguales en importancia) y “unidad” implica reconocernos como hermanos protagonizando y transitando juntos este maravilloso camino o esta maravillosa aventura que llamamos “vida”.
Cuando avanzamos “paso a paso”, dando un paso a la vez, nos sentimos más seguros, más tranquilos y con más paz andando siempre con los pies firmes en la tierra y a la vez con sueños nobles y altos como el vuelo de las águilas.

Cuando un niño aprende a caminar, lo hace despacio, muy despacio, aprende a mantenerse en pie y en equilibrio; y cada pequeño paso de ese niño es un logro gigantesco.
Lo mismo ocurre cuando enfrentamos con un desafío, es preciso considerar que conviene hacer, como hacerlo, con que intenciones y con qué recursos, así, de a poco descubrir cómo superar ese desafío, como resolver el problema, como aportar soluciones. Consideremos el caso de los elefantes, son considerados como uno de los animales más lentos, pero a la vez uno de los más inteligentes. Si bien son muy corpulentos, son considerados como uno de los más prácticos e inofensivos, pero al mismo tiempo fuertes y muy valientes a la hora de defender la manada. Los elefantes no tienen colmillos para atacar, los usan para defenderse, dando un paso a la vez.
Lo mismo ocurre cuando el hombre se enamora de una mujer. Primero hay un período de diálogo, de conocer su modo de expresarse y de proceder, lo cual nos aproxima a conocer como es su ser, lo que algunos llaman personalidad.

En este conocer y descubrir poco a poco, paso a paso el ser de una mujer, uno puede sentir si estamos orientados hacia el mismo rumbo, si hay compatibilidad y si podemos complementarnos mutuamente y ser felices juntos.
Pasa lo mismo con los amigos, paso a paso podemos darnos cuenta y reconocer a quienes podemos considerar “amigos”. Lo cual se da espontáneamente, sin forzar los momentos.
En el paso a paso, en el andar, en el caminar, podemos sentirnos seguros de lo que hacemos si tenemos claro a donde queremos llegar, que queremos lograr, cuales son nuestros ideales, cual es nuestra utopía; siendo conscientes de que aún lo imposible se puede lograr, dicho de otro modo “lo imposible no es más que lo posible que tarda un poco más”.
Lo importante es el camino, pero también lo es “llegar”.
¿Llegar a dónde?, llegar a un nuevo comienzo, a una nueva etapa, a un nuevo amanecer en tu vida; algo así como recuperar la esperanza., el entusiasmo y la alegría de vivir, dando un paso a la vez, esto también implica no dejarnos apurar, no permitir que nos impongan nada y tampoco y tampoco hacer caso cuando intenten asustarnos o meternos miedo.
La paz, la alegría y la comunión fraternas son realidades que se construyen paso a paso, momento a momento, como construir tu propia casa, poniendo un ladrillo por vez, hasta que la obra esté realizada. Dar un paso a la vez, también implica tener cuidado para no tropezar ni caer en la euforia excesiva.
La verdadera revolución es la que nace del corazón, una revolución pacífica, revolución de la paciencia y de la esperanza, la paciencia que todo lo alcanza y la esperanza que nunca defrauda, es la revolución del silencio, en el cual nos encontramos a nosotros mismos, conectando con nuestra verdadera esencia.
La palabra revolución se compone de dos vocablos: “re”, que significa “volver a” y “evolución” que implica volver a aprender, volver a crecer, madurar. Por lo cual entendemos que revolución es volver a aprender, volver a crecer recordando lo que conviene recordar, y olvidando lo que conviene olvidar, en función de asegurar nuestra libertad, ahora y por siempre evitando cometer los mismos errores del pasado.
Mientras peregrinamos en la senda que conduce a la plenitud, podemos tomarnos algunos descansos, para plantar una semilla, cuidarla y protegerla hasta que de fruto y en abundancia.
También podemos tomarnos un descanso para crear un oasis en medio del desierto o una isla en medio del océano.
Esos descansos también son parte del camino y aún en medio de la quietud de nuestra mente y de nuestro cuerpo, podemos seguir creciendo, es más, para seguir creciendo, precisamos esos momentos de quietud.
Yendo a lo concreto, por ejemplo, podemos ver como un maestro o una maestra acompaña, guía y orienta a cada uno de sus alumnos, estableciendo una relación de confianza y construyendo puentes para unir, para conectar, para comunicar, para compartir y para disfrutar del gozo y la alegría del encuentro.

Fernando Román

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