Nota de opinión: “Si los ´70 hablaran…”

Quizás uno de los efectos no queridos de las infelices declaraciones de Gómez Centurión hayan sido poner nuevamente en el tope de la agenda el postergado debate sobre los años de plomo en la Argentina.

*Por Dr. Eduardo Romanín:
Ocurre que una vez más, se vuelve a poner el dedo en la llaga y la pertinaz grieta asoma con más fuerza y así luego de vistosos giros verbales, retomamos los dogmas, lugares comunes y/o relatos tendenciosos, para que todo siga igual y se torne interminable.

Sin duda alguna es el debate más postergado, ocultado y manipulado de todos aquellos que significan una Argentina pendiente. Al prudente pero largo silencio que se dio en el retorno democrático del 83, le siguió la condescendencia o complicidad de los indultos, obediencia debida y punto final, más el ninguneo de años posteriores. Recuerdo que en los primeros años de mi retorno al país, después de un largo e involuntario exilio, busqué en variados foros reabrir el tema de la violencia de los 70’, y distintas voces me indicaron que hablarlo en voz alta era, cuando menos, poco prudente. Al igual que el cuento famoso del purgatorio era un tema para “no hacer ola”… Mejor dejar que corriera el agua, que ya habría tiempo de revisar lo actuado.

Sin embargo, el vacío dejado por la naciente democracia y sus autores, sería cubierto en tiempos ya más cercanos por el llamado relato K. Paradójicamente, quiénes menos se habían ocupado del tema en su gobierno provincial, por arte de bibibirloque, se convirtieron en sus más feroces defensores y llenaron páginas de reconocimientos, que merecidos o no, alcanzaron a quienes en los 70’ enarbolaron la lucha armada como método de lucha para alcanzar el poder. Las organizaciones de Derechos Humanos tuvieron un trato jamás dispensado antes y los sobrevivientes guerrilleros fueron premiados con importantes cargos en el aparato estatal. Para el relato K, la violencia y desmesura militar con sus atrocidades y crímenes de lesa humanidad, alcanzaba para justificar todo. Ni siquiera los actos de evidente corrupción cometidos en nombre del relato, servían para ensombrecer la épica revolucionaria. De alguna manera era reeditar aquella máxima de Perón que decía que “la violencia de arriba justificaba la violencia de abajo” sin importar que los que gobernaban estuviesen legitimados por el voto popular. Los asesinatos de la Junta Militar, eran legitimadores de los crímenes insurgentes…

Pensar que cualquier tipo de violencia sirve para entronizar a los poderosos, o que funcionalmente contribuyeron a la instauración de la más sangrienta dictadura en nuestro país, era automáticamente descalificado y tildado de reaccionario. Ni una sola autocritica de los líderes guerrilleros llegó para traer más luz sobre el tema y bajo la excusa cierta de que agitar la teoría de los dos demonios era favorecer a la Dictadura, se silenció cualquier crítica hacia aquellos que irracionalmente condujeron el ciclo de violencia más sombrío que recuerda nuestra historia. Ni siquiera, los justos y necesarios juicios a las Juntas o a los miles de militares involucrados en crímenes de lesa humanidad permitieron un debate amplio .Bordear el tema con un análisis sin prejuicios ni limitaciones parciales, es una asignatura pendiente que los argentinos deberíamos abordar y enfrentar de una vez por todas. Los que sufrimos las consecuencias de la violencia setentista, las generaciones futuras y en general todos los que peleamos por una Argentina más democrática, nos lo merecemos así lograrlo. SERA JUSTICIA.

*Dr.Eduardo Romanin:
Abogado socialista.Concejal marplatense (MC) del PSA. Preso político y exiliado en el gobierno de Isabel Martinez y la dictadura militar (1974-1983)

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