las Delegaciones Municipales de Open Door y Carlos Keen

Elección directa de delegados municipales: un error disfrazado de democracia

Bajo la pretendida profundización del federalismo y de la democracia, y con consenso unánime de las principales fuerzas políticas, se busca lograr la instauración de modificaciones que significarán, de concretarse, un paso más hacia la desnaturalización de los mecanismos que conforman la estructura del Estado: la elección directa de los delegados municipales.

El significado de la palabra “delegado“, esto es, la persona a la que alguien le transfiere facultades para que lo represente, puede llegar a ser una razón menor para oponerse a la iniciativa; no obstante, queda claro que en el caso de las municipalidades, la intención que originó la existencia de tales funcionarios fue la de permitir la presencia del Intendente en todos y cada uno de los rincones del distrito, ya que no en persona, representado por su “delegado”.

A un señor concejal se lo escuchó decir, no hace mucho tiempo: “el delegado debe representar a los vecinos ante el Intendente, y no al Intendente ante los vecinos”. Frase tan desafortunada en su pretendido ingenio, como falsa. Su musicalidad no alcanza para esconder que la “delegación” de funciones que el Intendente realiza convierte al funcionario en su representante ante el pueblo, justamente lo contrario de lo que el edil intentó imbuir en el entendimiento de quienes lo escucharon.

Por otra parte, a la falacia de lo dicho por el concejal se suma lo que no dijo, que tiene su importancia..: Así como es función del delegado representar al Intendente ante los vecinos, los que realmente deberían hacer lo contrario, esto es, representar al pueblo ante el gobierno son los propios concejales. ¿Buscan tales palabras, entonces, esconder que el Concejo Deliberante hoy no representa más que a siete dirigentes partidarios, y que huérfanos de representación, los vecinos se apropiarán de quien debía personificar al jefe comunal? Queda a criterio del lector contestar a tal pregunta y, si lo hiciera por la afirmativa, descubrir el nombre de tales referentes…

Hay además un motivo de orden práctico para rechazar esta idea. En tanto representante del gobierno, el delegado es hoy quien recibe las quejas, que el pueblo le transmite como si del propio Intendente se tratara. Modificadas las reglas, y elegido por el pueblo, dicho funcionario será un vecino más que deberá trasladarse a la ciudad cabecera para golpear puertas que podrán abrirse… o no. La presencia del jefe comunal en las localidades (en la persona de su representante) pasará a ser un recuerdo.

MUNICIPALIDADES: SU NATURALEZA

La demagogia nunca fue un camino apto para lograr ningún objetivo. El hecho de que se haya decidido inmiscuir lo partidario en un asunto como la designación de intendentes, cuya función no es política sino administrativa, fue un desatino inicial que hoy está en vías de ser profundizado con la ampliación del mecanismo a las localidades.

Una municipalidad no es un estado, sino una dependencia administrativa de la provincia, que sí lo es. Pero hay aquí quienes gustan de jugar a que Luján es una nación, a que el Departamento Ejecutivo, el Concejo Deliberante y el Juzgado de Faltas son sus tres poderes, y a que extender el método comicial de designación de delegados a las localidades es federalizar. Se trata de estructuras filopartidarias, con escasa o nula participación popular, sometidas a la decisión de muy pocas voluntades y que, embarcadas en una lucha feroz por ver quiénes serán los encargados de prender la luz y juntar la basura durante los próximos cuatro años, no dudan en interponerse mutuamente todo tipo de obstáculos, oficialismo contra oposición y viceversa. Obstáculos que, huelga decirlo, para lo único que sirven es para impedir el avance de la ciudad hacia un futuro mejor.

Conviene reiterar: no sirve la demagogia. Los mecanismos de decisión y los de representación configuran un sistema que dejará de funcionar con eficacia si se lo modifica erróneamente. Por dar un ejemplo: si usted, lector, en algún momento debiera someterse a una intervención quirúrgica, ¿quién preferiría que decidiera la longitud de la incisión y la cantidad de puntos de sutura? ¿El cirujano, o una consulta popular? Es fácil imaginar su antidemocrática respuesta…

Es verdad: hay mucho que corregir aún; pero dejar de confundir las cosas para no seguir retrocediendo sería una buena manera de empezar a moverse en el sentido de las soluciones.

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