Editorial: “Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”

Toda nación que desea desarrollarse como tal, debe transitar el penoso camino de las luchas internas, nuestra joven nación no escapa a esta verdad, y para parir nuestro país fue necesario asistir, en distintos momentos de la historia, al sangriento fratricidio que parece ser el precio a pagar para avanzar a un estadio superior, para ello solo hace falta recordar los 66 años de luchas internas en el pasado siglo XIX con su sangriento legado de miles de muertos.

También es cierto que determinado el bando ganador, se decide cual va a ser la historia (relato) que se transmitirá de generación en generación, convirtiéndose tal vez en la verdad absoluta, hasta que alguien les intente demostrar que la tierra es redonda.
justicia parcial no es justicia
Las declaraciones recientes de un funcionario del actual gobierno vuelven a poner sobre la mesa de discusión un tema que muchos, la mayoría por ignorancia y otros tantos por mezquindad, hubieran querido olvidar, la guerra contra la subversión argentina, conflicto interno que abarcó desde los finales de la década del 60 y la década del 70, derivando esto en la decisión del gobierno constitucional de lanzar en el año 1975 el “Operativo Independencia”, ordenándole a las Fuerzas Armadas entrar en guerra y aniquilar a través de operaciones de combate el accionar de los elementos subversivos obrantes en Tucumán, quienes siguiendo la experiencia vietnamita y alentados por las ideas secesionistas de Che Guevara recrear tan nefasto teatro de operaciones en el norte para luego repetirlo en todo el territorio, todo ello llevado adelante por las huestes del ERP, quienes contaban con el apoyo de tropas de refuerzo de guerrillas provenientes del MIR de Chile, del ELN de Bolivia, de Tupamaros del Uruguay y de otros países. El entrenamiento y adoctrinamiento fue proporcionado por el estado totalitario de Cuba y fue el único campo de batalla donde el ERP realizó tareas de guerra conjuntas con Montoneros.

Tras el aplastante accionar de las fuerzas armadas, varios personajes de las tres fuerzas se vieron tentados en deponer al gobierno democrático de turno y lo llevaron adelante, imponiendo así el denominado Proceso de Reorganización Nacional. La Junta Militar llevó a cabo una acción represiva en la línea del terrorismo de Estado conocida mundialmente como la «guerra sucia», coordinada con otras dictaduras instaladas en los países sudamericanos mediante el Plan Cóndor, que contó con el apoyo de los principales medios de comunicación privados e influyentes grupos de poder civil, la protección inicial del gobierno de los Estados Unidos y la pasividad de la comunidad internacional.

Muchos fueron los muertos que dejó la sangrienta etapa de la argentina, que inició su ciclo de recuperación tras la guerra por Malvinas del año 1982. Esta etapa de reconciliación no ha podido cerrarse en nuestro país y después de más de treinta años las mezquindades y los egos de vencedores y vencidos impiden saber la verdad necesaria para mirar el futuro con la tranquilidad de haber cerrado una herida.

Pasado los años el país fue buscando sanar su situación social, pero, si bien, desde el primer momento se buscó saber quienes y cuantas fueron las víctimas del nefasto período, un sesgo de revanchismo se apoderó de los estamentos de poder y derramó su ideología sobre la sociedad, privando a los argentinos la posibilidad de pensar distinto, pero, esto que no termina de sorprendernos día a día, tiene profundas raíces y exponentes públicos, tal el caso de la diputada Diana Conti, quien no tuvo empacho en declarar que es admiradora y seguidora de Stalin, asesino de masas que gobernó la ex URSS, pero curiosamente no se escuchó ni una sola voz de político o comunicador social criticando tal postura.
La desvergüenza se ha apoderado de nuestra sociedad y hoy sufrimos las declaraciones de asesinos confesos que formaron parte del anterior gobierno y despotrican con cuanto odio puedan destilar de sus afiladas lenguas contra todo aquel que ose pensar distinto, por otro lado, por estas horas asistimos estupefactos a las declaraciones oportunistas de la legisladora (FR) Cecilia Moreau que propone crear el delito de “apología de la dictadura”.

Llama mucho la atención que quienes hoy levantan la atractiva y remunerable banderita de los “Derechos Humanos”, no recuerden ni reclamen en lo absoluto a quienes para llevar adelante un “Vietnam Argentino”, no dudaron, llegado el caso, en asesinar niños, mujeres, simples pobladores y por supuesto un sinfín de uniformados, si sus objetivos ideológicos así se los imponía. Mientras tanto, una no menos importante parte de la población argentina que sufrió el flagelo de los atentados terroristas sigue esperando que sus muertos obtengan la misma reparación y reconocimiento que el resto de la sociedad.

Por eso es necesario recordar que “un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Es menester entonces realizar una ineludible catarsis democrática. El principio de “verdad, justicia y reparación” es el principio irrenunciable hacia una verdadera democracia.

Comentarios

Te puede interesar

carnaval

Carnaval, la fiesta pagana que adoptó el cristianismo

A pesar de que el origen de los disfraces por carnaval provenga del antiguo Egipto, …

Deja un comentario