Desertificación monetaria, descanso dominical, y senadores.

Seguramente el lector se preguntará qué tienen que ver los términos del epígrafe entre sí, por lo que intentaré ensayar una explicación al respecto.
desierto
A la par de la desertificación de los suelos, existe una desertificación monetaria, que aunque distintas, producen efectos similares, empobrecimiento, una de los suelos y la otra de la gente.
Cuando se exportan commoditis, no se llevan soja, maíz o trigo, sino que fundamentalmente se llevan humus, nutrientes y agua y el suelo se queda sin ellos, por lo que queda pobre.
La globalización ha impuesto planetariamente un modelo consumista aplastante, que hace del tener un paradigma de vida.
Ese modelo impulsado por las grandes multinacionales que como ejércitos de ocupación colonizan hasta las zonas más recónditas del mundo y también las mentes, generan una dependencia cultural hacia ese sistema, que promete un paraíso, que nunca alcanzaremos.
Sus armas son la mercadotecnia, las marcas, patentes y royalties y los medios de comunicación monopólicos en lo ideológico, que machacan hasta el cansancio las verdades reveladas de la nueva religión del Mercado.
A través de esas armas, el mercado global se expande y maximiza sus ganancias, incrementando la tasa de transferencia monetaria desde los países empobrecidos hacia los enriquecidos del mundo, lo que le reporta no solo más divisas, sino fundamentalmente poder de decisión en pocas manos y por encima de los Estados mismos.
En ese esquema, sus regimientos, se encarnan en shopping, hiper y megamercados, bancos, casinos y salas de juegos y empresas de servicios (telefonía, turismo, prepagas de salud, etc.), de capitales globales.
Estos negocios, cual barrenos que horadan la piedra, van succionando hora a hora, día a día y año a año, el esfuerzo, el trabajo, el sacrificio y el ahorro de los pueblos en que se aposentan, con una rentabilidad mayor y más desproporcionada que en sus países de orígenes, que es remesada a sus casas centrales sin solución de continuidad.

Mientras las pasteras, mineras, petroleras, empresas agrícolas y demás se llevan el agua, los bosques, los nutrientes de la tierra, el oro, la plata, el cobre y tantos otros minerales de valor estratégico, liquidando nuestro patrimonio, los shopping, telefónicas, megamercados y casinos completan la expoliación, llevándose el dinero del bolsillo de los trabajadores, sumiéndolos en carencias y miseria.
Esto constituye el basamento de la desertificación económica y es lo único que explica que mientras Argentina creció muchos años por arriba del 8% de su producto bruto, solo unos pocos hayan mejorado su situación y un gran porcentaje de la población continúe bajo la línea de pobreza.
Por lo general estos negocios se radican en ciudades capitales o de magnitud, irradiando sus “ventajas” a las poblaciones vecinas, generando un mini turismo de proximidad sobre todo los días feriados y fines de semana.
Para ello cuentan con normas de flexibilización laboral que les permitan abrir los 365 días del año y una cartera laboral, que a tenor de sus dichos, alberga dudas sobre la procedencia de la medida.
Los habitantes de las poblaciones cercanas, se sienten atraídos por este “progreso” y como los insectos con la luz, van hacia ella y terminan quemándose en la misma, ya que dejan casi todos sus salarios en esas escapadas de fin de semana y regresan a sus localidades flacos de bolsillos.

Consecuentemente, los comercios que desde siempre en pueblos y ciudades pequeñas, se tuvieron que bancar todas las épocas, ven mermar sus ingresos y van languideciendo, generando un empobrecimiento generalizado, con pérdidas de puestos de trabajo y la emigración de sus jóvenes.
La desertificación de los suelos como la económica, tienen mucho en común, ya que ambas hacen desaparecer la riqueza y generan pobreza. La tierra yerma y arrasada y la desaparición del circulante y de la capacidad de ahorro, van quedando a su paso, matando toda posibilidad de futuro y la desocupación, la precariedad laboral y los quebrantos de la pequeña y mediana empresa florecen como hongos después de la lluvia.”

Por fortuna la Cámara de Diputados de Santa Fe acaba de dar media sanción a un proyecto que dispone el descanso dominical, que en cierta medida es un freno a lo reseñado.
Esta sabia iniciativa vino a devolver una vieja conquista de los sectores del trabajo, conculcada injustamente y es producto de un amplio consenso por parte de casi todos los sectores involucrados en el tema.
Quizás algunos, que no se han convencido de las ventajas de esta norma, tendrían que preguntarse qué hacían los Domingos con sus padres y qué hicieron o hacen con sus hijos, recordando paseos dominicales, las comidas en familia o actividades comunes en ese día de encuentro.
Hoy los trabajadores de esos rubros, se ven privados de lo expuesto, en aras de mayor rentabilidad de las patronales, lo que repercute negativamente en las economías de pueblos y localidades de la región.

El Senado Provincial tiene en sus manos la herramienta para frenar esa sangría conocida como desertificación monetaria.
Este Cuerpo encarna la representación política territorial de los distintos departamentos de la provincia y los senadores tienen como misión defender los intereses económicos, sociales y productivos de los distritos de donde provienen, velando por el desarrollo y mejoramiento de las condiciones de los mismos.
Dentro de los asuntos a tratar por el Cuerpo, se encuentra la ley de Descanso Dominical, cuyo voto les da la posibilidad, de no sólo devolver un derecho injustamente conculcado a los trabajadores, sino de defender a las pequeñas y medianas empresas y comercios de su departamento.
Que los Senadores de La Capital y de Rosario o de alguna otra ciudad grande, se hayan manifestado en contra de esta ley, es entendible, ya que defienden las ventajas de las grandes cadenas que se ven beneficiadas con el empobrecimiento del resto de la Provincia.

A contrario sensu, no es entendible que el resto de los miembros del Senado no asuman el desafío de defender los intereses de su Departamento, evitando una sangría monetaria constante, que pone a sus actividades económicas al borde del colapso con el consiguiente descalabro social, en el que sus habitantes emigran a las ciudades engrosando los cordones de miseria y precariedad, cuando no atrapados en redes delictivas o de trata.
Quiero creer que los senadores estarán a la altura del desafío y adoptarán el mejor criterio que los haga dignos del mandato político otorgado por sus representados. Los dejo para que lo piensen y me despido hasta las próximas aguafuertes.

Ricardo Luis Mascheroni
Docente

Comentarios

Te puede interesar

nota de opinion

Una mayoría de ilusos

Aun frente a la inconfundible evidencia que suministran los datos de la realidad, esa que …