De los odios literarios

Así como dice el dicho Sobre gustos no hay nada escrito. Diré que sobre odios hay mucho y muy variado. Desde los tiempos bíblicos el odio está presente en el Hombre determinando su destino en la Tierra.

Recuérdese el odio de Caín hacia su hermano Abel, que dio origen al primer asesinato que la humanidad recuerda. O a Rómulo, (el primer Rey de Roma) abalanzándose encolerizado sobre su hermano Remo y dándole muerte. En la edición de The Intelligent Woman´s Guide to Socialism, el premio Nóbel de literatura 1925, Bernad Shaw, escribió: “Los ricos y los pobres son aborrecibles. ” Odio a los pobres y estoy anhelando la hora de su exterminio. Siento un poco de lástima por los ricos, pero deseo su exterminio también. Las clases obreras, las clases comerciales, las profesionales, las adineradas, las clases gobernantes, son igualmente odiosas: no tienen derecho a vivir. Yo desesperaría si no supiera que están condenadas a muerte y que sus hijos no serán como ellos”. No menos sinceros, aunque mucho más simpáticos son los sonetos de tono burlesco que Don Quevedo y Villegas, escribió para deshonrar la figura y la obra de su contemporáneo Don Luis de Góngora. Paso a detallar algunos versos determinantes: perros de los ingenios de Castilla. no escribas versos más. este, en quien hoy los pedos son sirenas. pues eres poco verme y mucho pus. tu lengua. suena a moco y tos. tú, puto, no lo niegues. etc.
Curiosamente, tres siglos después de estas alabanzas, otro poeta ibérico, Rafael Alberti, escribió un poema en contra del escritor Gómez de la Serna. Pero luego, Rafael equilibró los tantos, escribiéndose un poema titulado Yo Tonto.
Con el mismo respeto y admiración que les profeso, debo decirles, mis queridos Francisco y Rafael, que no había necesidad.
Un caso análogo, aunque arto más protocolar, puede dilucidarse en el de Jorge Luis Borges al poeta español Baltasar Gracián, de título homónimo. Pero en la literatura no sólo los hombres se conceden odios. No.
En la obra de Borges su poema Ajedrez, nos asegura que: los jugadores rigen las lentas piezas. El tablero los demora hasta el alba en su severo ámbito en que se odian dos colores. Stevenson nos habla de Keawe. Que terminó odiando a una botella de panza redonda y cuello muy largo. W.W. Jacobs, de manera análoga hizo odiosa una pata de mono. Estos dos ejemplos, aunque sé que las comparaciones son odiosas, debo admitir que no hacen más que parodiar la legendaria historia de Los Tres Deseos. Baudelaire, escribió en Las Flores Del Mal, que el odio es un tonel de las blancas danaides. Estas son las hijas de Dánao, condenadas en los infiernos a verter eternamente agua en un tonel sin fondo. En el mismo poema escribe que el odio es un borracho que está en una taberna con su sed renaciendo lo mismo que la Hidra de Lerna. Ésta es una serpiente monstruosa de siete cabezas que habitaba en las zonas pantanosas de Lerna, en Argélida: según la leyenda, al cortar una de sus cabezas, le nacían otras dos. En Verona se odiaron dos familias. Teobaldo lo resume con estas palabras. Como odio el infierno, odio a todos los Montesco. Ese mismo odio (sin otro destino posible) los castigo con la tragedia. Al final de la obra, Escalo el Príncipe reflexiona a los pies de las dos víctimas ¿Dónde están esos enemigos? ¡Capuleto ¡Montesco! ¡mirad que castigos a caído sobre nuestros odios! Ya tarde, ya sin sentido, esas dos familias se unen en el dolor.
Ernesto Sábato, nos habló de un odio al mejor estilo Dosvtoyeski. Quiero decir, con una profundidad psicológica que en pocas obras argentinas se han logrado. El odio del pintor Juan Pablo Castel hacia María Iribarne, la mujer que tanto amaba. Esta aparente contradicción la podría justificar diciendo que el odio es el más sincero de los amores. Estaba desolado y sentía un odio sordo e impreciso. O creo que era contra mí mismo. En estas palabras del propio Castel se encuentra entretejido El Túnel del que nunca logró salir. Extenso y variado es el catálogo del odio en la literatura. No menor el del amor, ni menos competente el de la locura. Este equilibrio no es azaroso ni mucho menos intencionado. Sucede que tanto el odio, el amor y la locura se nutren en forma recíproca para existir. Como lo hace el Hombre con la Naturaleza. Por lo tanto, sólo me vasta experimentar cualquiera de los tres estados para reparar en los tres.

Luciano Cavido

Comentarios

Te puede interesar

El sótano de Kafka

La soledad es el refugio de todo escritor. Las bibliotecas vacías son paraísos terrenales para …

Deja un comentario