De jóvenes y jóvenas, la decadencia educativa al palo

¿Hay decadencia en la educación argentina? Para algunos, el planteo de la existencia de una larga e inmodificable decadencia en la educación argentina suena cuanto menos, exagerado. Sin embargo, hay pruebas suficientemente categóricas que evidencian que la educación argentina está en crisis.

En efecto, la educación tiene como propósito fundamental, “formar” e “informar”. Respecto de esto último, que parece lo más evidente, no debería dejar lugar a dudas que la educación argentina no cumple su cometido, porque la preparación que reciben los egresados es muy cuestionable, como lo pueden atestiguar quienes dan trabajo a los egresados de los colegios secundarios y los profesores universitarios que se enfrentan a alumnos que no saben escribir con ortografía aceptable, ni redactar, ni interpretar textos, para no hablar de las severas limitaciones en Matemáticas y otras disciplinas.

Las tendencias actuales de la educación en Argentina muestran una degradación que atenta contra el conjunto de la población y que perjudica fundamentalmente a los hijos de la clase obrera. Las pruebas PISA, una medición que establece la OCDE sobre el grado de cono cimiento de los alumnos en más de 60 países, arrojan como resultado que la Argentina se encuentra en los últimos puestos. A su vez, las mediciones en el propio país (todas ellas oficiales) señalan que estudiantes de 15 años tienen dificultades para comprender un texto y calcular una regla de tres simple. El asunto se agrava con la política del Estado y el gobierno actual a través de la creación de los planes para finalizar el secundario (FinEs 1) y la realización del secundario completo en el plazo de 3 años, con una cursada de 2 veces por semana (FinEs 2). Planes que constituyen un ataque directo contra el proceso de aprendizaje en general, y contra los centros educativos para adultos en particular, los cuales aún conservan una modalidad de asistencia diaria de 4 horas y requieren una disciplina de estudio. En el primer caso, el título se obtiene regalado, en el segundo, presupone esfuerzo y conocimiento adquirido.

Pero eso no es todo. La degradación de la educación también se manifiesta en el incremento de la violencia escolar. Hoy, padres y alumnos golpean a docentes o directores de escuela por algún aplazo o por algún intento de disciplinar a un estudiante que desobedece reglas elementales en la relación educador-educando. Más grave aún es la violencia entre estudiantes. En paralelo se han eliminado los regímenes de disciplina. La autoridad docente ha pasado a un segundo plano diluyéndose a través de la creación de los “consejos de convivencia” de alumnos, padres, docentes y autoridades, entre otros aspectos.

El increíble error de la titular del Consejo de Educación de Santa Cruz: "Jóvenes y jóvenas"
El increíble error de la titular del Consejo de Educación de Santa Cruz: “Jóvenes y jóvenas”

El ámbito educativo, más que un espacio de enseñanza, se ha convertido en un lugar de contención. No importa cuánto los alumnos aprendan, lo que interesa es que pasen de grado y de año.

Llama la atención, entre otras cosas, que una parte de los docentes se opongan a la evaluación de sus capacidades como educadores, hace pocos días, se hizo noticia un comentario de algunos maestros mostrando su rechazo a ser evaluados, con el argumento de que “hay cosas más importantes que resolver en educación, como el estado de los edificios”. Realmente, sorprendió esta actitud, no por novedosa, sino porque la misma no hace sino evidenciar el temor a que se explicite lo que es “vox populi”, vale decir, la necesidad de elevar el nivel de conocimientos de muchos de los docentes. Sin embargo, como dice algún refrán, “peor que admitir nuestra ignorancia, es que la descubran los demás”.

Sin duda, no es extraño que, luego de largas décadas durante las cuales no existieron, desde el diseño de la política educativa iniciativas para mantener la educación argentina al nivel que alguna vez tuvo, la formación y actualización de muchos de los docentes se haya resentido, situación que por supuesto se proyecta a casi todas las áreas gubernamentales; pero, en cambio, sí es preocupante que una parte de los docentes no acepte lo obvio y condene a los niños y jóvenes argentinos a una educación menos sólida de aquélla a la que tienen derecho.

Por supuesto, no se trata de agredir ni humillar a nadie y mucho menos a los docentes, que independientemente de las limitaciones o no que enfrenten, merecen todo nuestro apoyo y respeto, por lo que los esfuerzos para jerarquizarlos no deben verse como un escarnio sino como lo que corresponde que sea, vale decir, un enorme emprendimiento que eleve el nivel académico de los educadores y un gran esfuerzo para prestigiar y fortalecer la docencia argentina.

Obviamente, está también el estado de los edificios, la deserción y el desgranamiento. Claramente, la problemática educativa abarca un conjunto de cuestiones que no pueden agotarse en un simple artículo porque rozan el planteamiento de la propia formación e información de los educandos, que es, cuanto menos, insuficiente para las necesidades actuales y aún menos contempla las necesidades a futuro, lo que podría perdonarse si se tiene en cuenta que no es fácil imaginar un futuro para la Argentina.

Pero mientras no se tome verdaderamente el tema educativo con la importancia que se debe, seguiremos teniendo el nivel educativo que nos merecemos, y como para muestra sobra un botón, seguiremos sufriendo a funcionarios que, como la flamante ministro de educación de la sureña provincia de Santa Cruz, se dirige a “jóvenes y jóvenas”, algo así como un “todos y todas” ad infinitum.

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