De Jóvenes y Barrocos (Todos tenemos un poco)

De jóvenes sabiendo que lo nuestras poesías tienen escaso valor literario, llenamos de pomposidad la hoja en blanco. La grandilocuencia y el ornamento son nuestras armas para impresionar al primer lector. En vez de decir Azul, usamos derivados tales como azuloso o azulino, dejando, como dijo J L Borges, una enorme mancha azul en la página.

El Barroquismo, que va en busca de una complejidad ornamental, en busca de la exageración de los recursos dirigidos a los sentidos, es para el iniciado en la poética, un tópico. Quizás sea necesario el barroquismo inicial para luego ir limando el verso hasta llegar a ese único y verdadero, el simple y puro, ese que está más cerca de la habitual palabra. El verso debe ser como paloma que se va de la mano. Esta frase del poeta lírico argentino Enrique Banchs, nos explica como la palabra debe irse: Blanca y leve. Y como nuestra mano la deja ir. El barroquismo es pedante. Es un muro entre el escritor y el lector. Podemos decir que Don Francisco de Quevedo y Villegas el gran representante del barroquismo literario español de la Edad de Oro, es más un poeta intelectual que lírico. Mas un razonador de versos poéticos que un poeta emocional y sensible. Quevedo hizo del barroco un culto. El modernismo de nuestro país tuvo a su Quevedo y este fue sin lugar a dudas Leopoldo Lugones. Su poética es una de las mejores en su estilo y es también una habitación llena de adornos, un paisaje rebosado de colores estridentes y de voces chillonas y ecos perpetuos que atentan contra toda paz.
Decir esto, no contradice la admirable poética, musicalidad y aliteración de sus versos que colma de bellas imágenes nuestro espíritu. Lugones es aquello que todo iniciado poeta quiere ser. Pero es ahí, donde comprendemos precisamente que Lugones es también aquello que debemos dejar de ser con el paso del tiempo. Los sustantivos adjetivados hasta el hartazgo, hacen de las cosas demasiado pretenciosas. En cambio la metáfora sutil, casi invisible, torna más cercano ese mundo poético. El Barroco pertenece siempre al pasado. Allí esta su lugar. Su excesiva vestimenta hace más pesado el caminar de las palabras. Por eso la poesía lo aventaja siempre. El Barroco, como un daguerrotipo nos mira desde un tiempo imposible haciendo de la poética una caricatura de los sentimientos reales del poeta.

El Romanticismo que nació en Alemania en el siglo XVIII daba prioridad a los sentimientos. Estos son inmediatos, naturales, sin ornamentos ni pomposidad. El Barroquismo español retomado por el modernismo latinoamericano de Darío y Lugones pareciera pensar más en cómo decir los sentimientos que en decirlos. Creo que el Barroquismo distrae al amable lector que busca conmoverse. Las palabras más cercanas, como casa, río, sol o silla, esas son las reales. Por el contrario, el culto por los derivados que nos ofrecen los sinónimos, nos aleja del lirismo. Los poemas líricos se caracterizan por su brevedad. Debido a esa brevedad, hallamos una mayor concentración y densidad que en el resto de los géneros literarios.

Luciano Cavido

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