A partir de una lectura de “El Hombre Mediocre” de Jose Ingenieros

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida. Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) Escritor español.

Cuando la Ilustración multiplicó los poderes políticos de la Razón, los hombres del siglo XIX pronto iban a preguntarse si la Razón no estaba a punto de volverse demasiada poderosa. Empezaron entonces a inquietarse ante una sociedad racionalizada que poco a poco amenazaba las libertades individuales de la especie humana. El rol de la filosofía fue vigilar los abusos de poder. Ya Aristóteles ha intentado dar razón de la presencia ontológica de la individualidad. “Lo que caracteriza al individuo es ser presencia en el mundo y distancia del Ser que permanece siempre separado”. En contraposición a la idea del Estado que es un poder pastoral que reúne, guía y conduce a los hombres a su rebaño, también Nietzsche, a través de Zaratustra, nos dice que el hombre es una gran razón, un pluralidad con sentimiento propio, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor. Siguiendo esta línea, la Razón siempre representó a ese gran dragón, ese Deber Ser, que sumió al Hombre con permanentes cargas asemejándolo al camello que cruza el interminable desierto. Pero la locura, en su inspirada existencia, se burla de la sabiduría y se libera con el espíritu de un león y la inocencia y el olvido de un niño gritando al fin: Yo quiero.

Calderón de la Barca escribió en el siglo XVII, que siempre los sentidos fueron vasallos de la prudencia. Pues bien, tanto el vasallo como el rey son en esencia hombres. En esencia nada los desiguala. Pero el hombre vasallo vive en un estado de minoridad en relación a su rey. (Recuérdese al Cid: Que buen vasallo sería si buen señor tuviera). Porqué esto.
Kant, define dos condiciones para que el Hombre salga de su estado de minoridad: Que se distinga bien lo que depende de la obediencia de lo que depende del uso de la razón. La obediencia se manifiesta tras la expresión: Obedezca, no razone. Calígula prefirió esta frase: que me odien, con tal de que me teman. Mientras que el uso de la razón, podrá obedecer, previo uso de su libertad de razonamiento. Nos encontramos en estado de minoridad, cuando un libro ocupa el ligar del entendimiento, cuando un director espiritual ocupa el lugar de la conciencia, cuando un médico decide por nosotros nuestro régimen, etc.

Nos encontramos ante el uso de la Razón, cuando esta no busca otro fin más que en sí misma. Razonar por razonar. Por ejemplo: pagar los impuestos, pero poder razonar tanto como se quiera sobre la fiscalidad. Formar parte de una parroquia pero razonar sobre los preceptos religiosos. Hedeegeerd, llamó Estado de Interpretado, cuando las ideas del Hombre no son suyas. Cuando vive una existencia inauténtica. Por ejemplo inserto en novedades como la moda. Sujetos sujetados por el poder.
El Leviatán de Hobbes nos dice que las leyes de la naturaleza (tales como la justicia, equidad, modestia y, en suma, la de haz a otros lo que quieras que otros hagan por ti) son, en sí mismas, contrarias a nuestras pasiones naturales, las cuales nos conducen a la parcialidad, al orgullo, a la venganza, etc.

Será hora de preguntarse qué nos han legado tantos años de sensatez? Dónde se encuentra el fruto de tanta historia de cordura y sumisión? De que nos ha servido la fórmula del sano juicio y la moderación, el diezmo esperanzador que nos asegura el Porvenir. Falacias! ,Boaventura de Sousa Santos, dice que el proyecto modernidad/ colonialidad, contrajo el presente, desperdició experiencias, produjo un espistemicidio, para prometer un futuro sin límites que se sintetizaba en la idea de progreso, mono cultura, la idea de que hay un solo conocimiento válido, la concepción de un tiempo lineal, la invención y jerarquización de las razas y la certeza que hay un solo modo de producir eficiente.
Tú, Hombre Mediocre. Tú, pequeño Engranaje. Tú, Prisionero de la travesía. Ya Baudelaire gritó: No tenemos el derecho de despreciar el presente. Que el mate compartido no mida tus horas vanas. Que el opio de los pueblos y su alucinógeno efecto llegue a su fin. ¡Salid de ese letargo y enfrentad al Dragón. Los gigantes se disfrazan de molinos y tú lo sabes. Resarcir esa realidad es nuestro deber y por consiguiente, nuestro triunfo.

LUCIANO CAVIDO

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